A veces en la tarde recuerdos de la infancia invaden la casa,
el sol que se consume
y esa brisa de todosestanporvolver
trae un aroma de viejas canciones
y miradas que persisten en fotos amarillas.
Entonces yo no se que hacer
cerrar la puerta sería dejar a alguien huérfano
ignorarlos es un golpe que todavía no aprendo a dar.
El gato sobre la mesa sonríe
frente a tanto frenesí desatado por mi
y mi yo de 5 años que revuelve libros
para encontrar dibujos con letras grandes
que puedan hablar un idioma
que entienda palabras como sueño o amor.
Mi yo de 12 años todavía llora de pena
por la carta que no fue respondida
y piensa secretamente que la vida será solo eso,
alguien que tal vez nos ignore
cuando se canse de hablar.
Mi yo de 16 años ya fuma
escupe el humo que quiebra el aroma de los jazmines,
me mira mientras suena el flaco
(recien acaba de descubrir Artaud)
y yo pienso que
a veces en la tarde
los patios de la infancia
en donde perseguíamos al perro
son como una lluvia fina que cae afuera
y adentro todos refugiados en el comedor
aun tomamos leche chocolatada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario